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domingo, 14 de abril de 2013

"Atenco, la herida se mantiene abierta"

FRENTE DE PUEBLOS EN DEFENSA DE LA TIERRA



El cortometraje documental “La herida se mantiene abierta”inicia durante los diálogos por la paz que ocurrieran en el Castillo de Chapultepec durante mayo de 2012, donde Trinidad Ramírez reclama airadamente al entonces candidato presidencial, ahora Presidente de México Enrique Peña Nieto, su accionar durante los sucesos de mayo de 2006, cuando el gobierno del Estado de México ordenó un operativo para detener a los manifestantes que habían cerrado el acceso en la carretera México-Texcoco.

Pasamos luego a una entrevista con la propia Trinidad Ramírez, quien nos da una breve recapitulación de los sucesos mientras observamos en pantalla lo que ocurría justamente allá por el 2001, cuando el gobierno de Vicente Fox en aras de crear un aeropuerto y un corredor industrial, expropió la tierra de San Salvador Atenco. El documental en ese rubro se limita a dar un breve resumen de 16 minutos de la lucha del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra por quedarse con sus tierras. Bajo ese accionar no tenemos algo novedoso o que nos aporte un panorama distinto, el documental es lo que es, ni más ni menos, un resumen que sirve para dar contexto a aquel despistado o a aquel joven que no haya sabido con mucha precisión que fue lo que ocurrió en Atenco.

En términos cinematográficos la edición es magistral, nos da lo que se tiene que saber, nos deja clara la postura del director quien apoya la lucha del Frente de Pueblos y al mismo tiempo señala la incompetencia de ciertos medios de comunicación cuando estos exigían a la policía reprender a los manifestantes con mayor énfasis siendo que ahora el discurso oficial de los medios es que el gobierno actuó con exceso de violencia.

El director Alberto Cortés ha mostrado desde siempre una predilección por esta temática sobre los pueblos, ya sea en la ficción como ocurriera en la más reciente “Corazón del tiempo” que hablaba sobre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional o en el documental como pasaba en la ya lejana “La tierra de los tepehuas” donde se relataba la lucha de un pueblo veracruzano por trabajar sus tierras. Si bien el tema no sorprende en su cine, el cortometraje resulta bastante puntual y pertinente. 

Uno podría pensar que este tipo de luchas solamente ocurren en México, pero basta ver obras documentales como “Todos en Larzac” (Tous au Larzac) para ver que en todos lados se cuecen habas, hasta en Francia. Claro que el formato corto aquí ayuda a hacer más apacible la lucha, pues en aquel documental francés la edición resultaba un tanto incomprensible, a pesar de mostrar lo mismo: la lucha de un pueblo contra el gobierno que busca expropiar la tierra en su propio beneficio, una lucha que parece resultará eterna, por más que uno sienta que lo más duro ya haya pasado.


Antojito mexicano:  En la orilla del agua, una pequeña canasta de tortillas de nixtamal que parecen sobrevivir ante cualquier peligro en la canasta básica.

La herida se mantiene abierta” está nominada al Ariel 2013 a Mejor Cortometraje Documental.



viernes, 25 de enero de 2013

"Tlatelolco"

 CONJUNTO HABITACIONAL NONOALCO

Resulta una experiencia sui géneris ir a ver un documental sobre la colonia donde uno vive.  Resulta aún más extraño tener que cruzar la colonia Nonoalco Tlatelolco para ver dicho documental en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco en una sala de cine cuyo edificio puede observarse dentro del documental y al mismo tiempo ver del otro lado de la colonia,  dentro del mismo documental, el edificio de donde uno salió a ver la película.
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La austriaca Lotte Schreiber  es la culpable de que un servidor haya gozado de tan extraña experiencia y su documental es ciertamente igual de atípico. Para su buena fortuna la colonia elegida tiene su historia y goza de un vergonzozo episodio de fama nacional asi que hay material de sobra para narrar.
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“Tlatelolco” es un documental cuyo estilo visual luce mucho más interesado en el manejo del espacio arquitectónico por lo cual la cámara viaja por los distintos edificios que la integran, los cuales ya dan muestras del paso de los años. Por ello no es sorpresa que la directora sea una estudiante de arquitectura que al venir a estudiar a México haya decidido filmar un conjunto urbano modernista que además tiene la ventaja de tener una historia trágica, como la de la misma arquitectura modernista.
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El aquitecto Mario Pani, quien lo mismo creara la Torre de Rectoría en la UNAM que ayudara en la creación de Ciudad Satélite, es el culpable de crear esta zona urbana que fue pensada como una pequeña ciudad que gozara de todos los servicios: incluyendo centros deportivos, teatros, cines, escuelas, hospitales y lo que a usted se le ocurra.
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Schreiber no se interesa tanto en las áreas verdes (aunque por ahí hay algún jardinero haciéndole al artista creando figuras en los arbustos) o en los demás espacios culturales sino como ya hemos dicho, en los edificios que integran dicho conjunto habitacional, la historia del conjunto y la visión de algunos de los habitantes de la zona sobre como perciben Tlatelolco.
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Bajo estas tres vertientes, el documental no pretende ser un trabajo exhaustivo por lo que si usted habita en Tlatelolco no podrá ver interés alguno en la peculiar forma de como se recoge la basura, de como las ratas abandonaron la zona en cuanto llegaron los gatos o en como los pepenadores se pelean por madrugar y recoger lo más útil.
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Este es el Tlatelolco en los tiempos previos a la Línea 3 del Metrobús y Schreiber siendo extranjera lo cuenta desde esa perspectiva sin adentrarse demasiado, pero cubriendo el terreno necesario durante los 75 minutos del documental.  Asi, el breve prólogo cuenta como en tiempos prehispánicos un poeta convertido en guerrero azteca prefirió la muerte a la conquista y tras ser derrotado en la batalla final que decidiera la victoria de Hernán Cortés y los españoles, este poeta se perdiera sin rastro en el mar.
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Hasta en este inicio Schreiber nos brinda una toma mostrando uno de los urbanos edificios de la zona para luego brindarnos los créditos con una música que goza del toque prehispánico apropiado con el cual todo aquel que haya bailado alguna danza  azteca durante el kinder podrá identificarse.
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La narración es tomada en este punto por algunos de los habitantes del conjunto: la señora que toca incesantemente un instrumento musical, que va a la tienda y convive con su hija que va a la secundaria de los cucarachos; el chico deportista que usa los aparatos junto con otros muchachos que también le hacen a eso de echar músculo; la mujer de bajos recursos a la cual la dejaron vivir junto a su nieto e hijo en uno de los cuartos de servicio que se encuentran en la azotea de uno de los edificios.
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Las miradas de estas personas o en el caso de un servidor, de estos vecinos, son las que aportan la historia de como viven ellos Tlatelolco, quienes se quejan de los nuevos habitantes pues estos son poco sociables. Ya hasta me sentí mal por no saludar a la vecina, pero dejando de lado los chismes y la vida cotidiana, el documental también cambia su interés intermitentemente en la tragedia del 68 y en menor medida, en  el terremoto del 85.
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Contraponiendo imágenes donde se ven los estudiantes manifestándose en 1968 con chicos en la actualidad jugando al futbol, este optimista contraste marca como en la misma zona donde hubo una matanza ahora hay jóvenes ociosos practicando el sano esparcimiento del deporte (aunque usted me diga que nada más andan peloteando mientras se arma la cáscara).
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Es ahí cuando se nos narra lo que ocurrió en esa época y también donde nos cuentan un poco sobre como el terremoto de 1985 afectó la zona. Y es que Tlatelolco se define por lo que sucede durante el 68, asi que es natural que Schreiber esté más interesada en la matanza que en el temblor, pues el temblor puede generalizarse a toda la ciudad de México.
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Y asi hasta llegar a los vecinos que para socializar deciden fundar un cineclub donde se proyectan películas al aire libre afuera del metro y estos se juntan para echar el café, algo sumamente apropiado cuando uno ve eldocumental en un lugar conocido como la sociedad de cine de Tlatelolco.
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En definitiva resultará extraño para los no iniciados, pues la narración toca superficialmente la vida de la zona y su enfoque arquitectónico tiene un interés muy particular que no busca satisfacer a todo el público. Esto hace que uno imagine que sea difícil que alguien que no sepa mucho sobre Tlatelolco pueda conectar con el documental, pues está narrado de una forma que no ayuda mucho a quien no sepa a interesarse en lo que se cuenta.
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Sin embargo como una probada de lo que es vivir en Tlatelolco, funciona bastante bien y uno imagina lo que podría haber hecho algún habitante de la zona, pero es imposible pedirle eso a Shreiber, asi que la probadita basta. Uno sale observando los edificios de regreso a casa tratando de ver los que aparecieron con mayor importancia dentro del documental y con ganas de ir a tocarle el timbre a los vecinos entrevistados.
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Entre todas estas historias vemos a los verdaderos protagonistas, los edificios, la mayoría de los cuales son mencionados como si se tratara de una porra diseñada por arquitectos. Y uno espera emocionado que se mencione y aparezca el edificio donde uno vive. Como habitante de Tlatelolco, uno sale algo decepcionado cuando ningunean el edificio donde uno vive. Pero bueno, fuera de rencores personales, el documental funciona a la perfección especialmente para estos rencorosos habitantes de nonoalco.
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Cosas raras de la cinefilia.

Antojito mexicano: Los tacos de afuera del Metro (Tlatelolco).

jueves, 10 de enero de 2013

"Ciclo"

HERMANOS DE BRONCE

Existen historias donde algún personaje sin saber porqué decide realizar alguna locura que no luce un propósito bien definido más allá de la aventura. Al observar "Ciclo", uno recuerda a aquel episodio de "Forrest Gump" donde Forrest simplemente decidía cruzar el país corriendo y sin saber porqué la gente lo persiguía como si se tratara de un héroe con una meta bien definida, aunque Forrest sólo tuviera ganas de correr. En "Ciclo", nos cuentan la historia de como los hermanos Arturo y Gustavo Martínez decidieron hace más de 50 años emprender un viaje en bicicleta de México a Canadá con sólo 100 dólares en el bolsillo y un gran entusiasmo que logró contagiar a los periódicos, los cuales siguieron su historia durante su recorrido de ochenta y pico días. "Ciclo" empieza entonces reflejando esa electrizante energía que provoca la aventura.

 Vemos a los dos hermanos bromear mientras se preparan para realizar, 53 años después, el mismo recorrido que hicieran cuando eran unos jovenzuelos de veintitantos años, ahora acompañados por su hija-sobrina que los filmará mientras ellos nos van platicando lo que les había ocurrido en aquellos lugares y donde también observan como es que estos mismos lugares han cambiado. El simpático Gustavo bromea sobre lo sencillo que luce trazar el recorrido sobre un mapa en comparación con realizar el recorrido mismo, mientras que el más serio Arturo nos muestra su buena condición física realizando rutinas de ejercicio como para mostrarnos que estos ahora jovenzuelos de setenta años siguen conservando su vitalidad, esa alegría de sentirse vivos y prepararse para una nueva aventura.

En estos primeros minutos el espectador se contagia y sigue con el mismo entusiasmo a estos dos Forrests de la bicicleta fascinado por lo que hay que descubrir en el camino, como si uno mismo hubiera hecho ese viaje años atrás gracias a lo bien que lo describen frente a la cámara y a la camaradería de los hermanos. Uno imagina que la historia debe ser casi como una leyenda dentro de la familia de la directora, uno entiende porqué esa necesidad de contar esta historia se vuelve importante para ella y en estos primeros minutos logra transmitirnos ese sentido de la memoria, la importancia de contrastar el pasado con el presente sin perder un atisbo de energía.

La directora, la cineasta Andrea Martínez Crowther (Cosas Insignificantes) no puede tener un punto de vista objetivo, pues el documental cuenta la historia de su padre y su tío. En algún momento, nos cuenta que por lo mismo ella no puede evitar ser parte de esta historia, pues es la historia de su familia. El entusiasmo inicial se pierde pronto cuando los dos hermanos comienzan a mostrar nostalgia por el hogar. Conocemos el presente, con Gustavo como un sobreviviente frente al cáncer y con Arturo lidiando con la preocupación de una esposa senil que ha comenzado a perder la memoria, he ahí la importancia de recuperar la suya. Como si se tratara de un antihistamínico los síntomas de la fiebre inicial se calman y el viaje empieza a perder importancia. Ya no nos importa tanto la lucha heroica que se vivió por llegar a Canadá, sino el llegar al añorado hogar. 

Estos héroes de bronce tienen sus mejores momentos cuando el documental es una road movie en la cual conviven con otros personajes en los mismos lugares que pisaron 50 años antes.  Se vuelve algo más convencional cuando habla del presente y nos indica que ahora la importancia del viaje es llegar con la familia para celebrar en vida con un son jarocho, aunque la idea del son jarocho sea tomada de una celebración surgida de la muerte.  Y es que "Ciclo" tiene ese tipo de contrastes muy marcados que hacen que se sienta como un documental un tanto desbalanceado, pero que compensa con su incesante pedaleo para llegar a la meta a como dé lugar.

Y es que al enterarnos de la historia de la familia Martínez durante el trayecto, vemos como el viaje se transformó de una memorable aventura en un episodio que cambió las vidas de los personajes, un viaje para echar raíces. Los dos hermanos resultan ser entrañables, pero el tiempo toma factura y a la cineasta también le gana la nostalgia del presente, la cual vence a la energizante nostalgia del pasado. En cierta forma uno como espectador lo resiente pues uno espera la promesa de una cinta positiva sobre una heroica hazaña de juventud y uno termina obteniendo un humano relato sobre el paso del tiempo a través de los recuerdos del pasado. 

Ya no se trata de la aventura, se trata de con quien la compartes.

Antojito mexicano: Unos hot cakes con mucho maple canadiense.

domingo, 6 de enero de 2013

“Interior / Exterior”

UNA EMANACIÓN DE AGUA HASTA LA DESEMBOCADURA DE LA CULTURA JAPONESA



Imágenes, fotografías, arte, cabezas parlantes. Como una ebullición de bellas  imágenes que se evaporan ante nuestros ojos aunque uno quisiera ponerlas en pausa hasta el infinito, el documental creado por Mauricio Novelo nos entrega una inmersión a la cultura japonesa a través de la mirada de sus artistas. Un collage cinematográfico que luce más como una colección de proverbios sobre como los japoneses entienden la conjunción de fenómenos opuestos no como algo contradictorio, sino como dos caras de la misma moneda, o más bien como un espectro que fluye en ambas direcciones, como en aquel lugar donde se juntan los ríos con los mares, lo dulce con lo salado.
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El inicio nos engaña al hacernos pensar que todo será una colección de opuestos, pero evocando un trabajo más fotográfico que cinematográfico, los cineastas recorren el Japón contemporáneo hablando de arquitectura, danza Butoh, escultura, tatuajes, cine, lenguaje y hasta pornografía, porque la pornografía es la que refleja el lado más honesto de una sociedad.
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Aunque en realidad a Mauricio Novelo no le interesa mucho hablar de dichas doctrinas artísticas de un modo común. Lo que le interesa es transmitirnos con imágenes  y luego con palabras de qué cultura están surgiendo las imágenes que observamos. Si el lenguaje japonés se interesa más en compartir sentimientos que significados, es natural que Novelo busque retratar con imágenes que le den nuevo significado a las reflexiones.
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Asi, el trabajo de los artistas es combinado con la gente común que recorre las calles, paseando en trenes, observando a la cámara. Son los artistas quienes reflexionan sobre las imágenes: los arquitectos sobre como el Japón antepone la decoración a la estructura, los pintores sobre la expresividad del color, los dibujantes sobre la perdida de la realidad que provocan los dibujos animados la cual es equiparable al apocalipsis.
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Haciendo pequeños ensayos al aire sobre como expresar esas dualidades llega una discusión sobre el arte que habla de como éste difícilmente puede verse como una ciencia. He ahí llega el arte fotográfico, cuyo padre es la ciencia y cuya madre es el arte, ese oficio donde ambas cosas son igual de importantes,  la técnica al servicio de la belleza.
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Entablar un diálogo con esta película es como una danza que adquiere más energía en el momento en que menos se mueve, con imágenes  que quisieramos que fueran eternas pero en realidad son como un tatuaje que eventualmente tiene que morir con su creador, pues se evaporan ante nuestros ojos sin que podemos hacer nada ante el movimiento, ese lugar  donde la fotografía se transforma en cine.
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Uno de los documentales más bellos del cine nacional.
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Antojito mexicano: Un sushi, pero con harto chile.